Respuesta a los que dicen que es de perdedores decir que lo importante es participar

Para aquellos niños lo importante era ganar, aunque fuera haciendo trampas. Perder era un auténtico desastre y en ese caso, siempre intentarían argüir alguna excusa o aducían alguna artimaña para invalidar la victoria del oponente.

A los intentos de la joven animadora social por calmar a los perdedores recordando aquel dicho contenedor de vieja sabiduría que sobreponía la importancia del proceso a la del producto, uno de los niños contestó:

No. Lo importante es ganar. Mi padre dice que eso de que lo importante es participar es una frase de perdedores.

La joven se rió, negó con la cabeza e hizo un gesto desaprobatorio. Pero a la noche reflexionó sobre aquello: ¿Por qué esa visión tan enfocada en la victoria? ¿Es algo de los niños de todas las épocas? ¿Es algo de todas las edades en estos tiempos? Hay actividades en las que la praxis no es importante, pero en un maldito juego, ¿por qué no olvidarse de la poiesis? Será que el sistema educativo basado en exámenes les ha condicionado a esta búsqueda constante de aprobación y resultados, tanto que no pueden ver que se aprende y se gana aunque nadie te ponga una nota de aprobado, una medalla, una palmadita en la espalda…

Al día siguiente la joven se acercó al niño que estaba jugando a la pelota con un amigo.

Ganes o no, dijo la joven, eres un auténtico perdedor si estás jugando solo con el fin de ganar.

Porque ganar un premio te hace bueno a los ojos de los demás, pero el verdadero ganador no necesita aprobación de los otros por medio de ningún trofeo.

El verdadero ganador encuentra ganancias aunque no obtenga victorias.

Ganar acaba el juego. El verdadero ganador no tiene ningún interés en que el juego acabe, sino que disfruta y valora cada momento. Porque participar le trae diversión. Y si es una práctica en la que tiene algún interés profesional o competitivo, entonces sabe que la única manera de mejorar es practicando.

Y sabe que se aprende mucho más de las derrotas que de las victorias y que estar rodeado siempre de buenos competidores (contra los que pierde) es lo mejor que le puede pasar para mejorar.

Todo eso está muy bien, contesta el niño, pero si sabes tanto ¿por qué tienes un trabajo de mierda?

El niño chocó la mano con su amiguito. Y luego se alejaron tranquilamente con las cabezas bien altas.

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