Mandar al infierno

En Lyon aún no hemos tenido atentado terrorista, pero supongo que llegará. Hace un par de días estaba aquí postergando el momento de ir a la cama y comencé a oir gritos. Al principio no presté atención, pensé que los vecinos de arriba estaban discutiendo a voces, luego me di cuenta de que había explosiones de emoción por así decir, y que no solamente venían  de arriba sino también de otros edificios, todos sincronizados más o menos. Averigüé que el equipo de fútbol local estaba jugando y el partido televisado es lo que estaba causando tanto vocerío a mi alrededor.

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Grupo de forofos celebran en la calle.

 

Llega el gol que da la victoria, los vecinos se vuelven locos y uno grita vaffanculo, expresión que al parecer se puso de moda hace algunos años luego de que algún futbolista la espetara en oportuno momento. Entonces imagino lo siguiente: en alguna calle de Lyon, a las puertas de un pub irlandés un grupo de forofos estalla en euforia celebrando el gol. Cantan al unísono, se bañan en alcohol, exhiben sus cuerpo desnudos, etc.

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En ese preciso instante alguien saca una kalashnikov y sin más protocolo comienza a soltar ráfagas de muerte. En medio del bullicio inusitado que invade esa zona de la ciudad no es fácil discernir entre gritos celebratorios y los de pánico. Los disparos se camuflan en el estruendo de petardos y fuegos artificiales. Algunos individuos mueren en feliz ignorancia, completamente ajenos al pánico que se propaga a su alrededor. Les llega a la nuca por ejemplo el disparo terminador, y pierden contacto con este mundo de manera instantánea.

 

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Estos mueren inmersos en el sueño eufórico del evento deportivo. Se van con imágenes de fútbol grabadas en la retina. No tienen oportunidad de sentir miedo, ni de recordar su infancia o hacer recuento de su vida o mimar pensamientos sobre sus amistades, familia, animales domésticos, etcétera.

Y más tarde, entre los encargados de recoger los cadáveres, uno se atreve a mirar los rostros inertes y puede distinguir que algunos tienen joie de vivre en el rictus.

Lo que recuerdo de Baywatch

Quiero hablar acerca de la mejor escena de toda la historia de esta serie que yo siempre he llamado Los vigilantes de la playa, pero que aquí llamaré Baywatch porque es el título original y porque así nos entendemos todos. Puede que se titule Baywatch Sunset, California Baywatch o Baywatch Heat. Pero estoy casi seguro de que era Baywatch a secas. No quiero comprobarlo en wikipedia, solo quiero contar lo que recuerdo.

Pamela Anderson siempre me pareció una especie de pollo alienígena y además nunca aparecía, siempre eran otras. Nunca puse la tele con el propósito de ver Baywatch, nunca vi un capítulo entero. La escena que digo que es la mejor puede que no sea la mejor, digamos que es la única escena que recuerdo. En realidad, tampoco es una escena, solo una piececita. La vi por casualidad, como todo lo que he visto de Baywatch. Y como todo lo que he visto en la tele: no se sabe bien si es por casualidad o a la fuerza. Es lo único que hay en la tele en ese momento y la tele es lo único que hay en ese momento.

Yo paso por la sala, quizá me detengo un momento ante la pantalla, no recuerdo quién está viendo Baywatch, somos muchos en mi familia. David Hassleholf lleva un polo blanco y no está en la playa. No estoy seguro de que se escriba así el nombre. No quiero buscarlo en internet porque exponerme a palabras o imágenes, por fugaz que sea, puede transformar para siempre los recuerdos que tengo.

Dicen que el mero proceso de intentar recordar, adultera los recuerdos. Continúa leyendo Lo que recuerdo de Baywatch