Mandar al infierno

En Lyon aún no hemos tenido atentado terrorista, pero supongo que llegará. Hace un par de días estaba aquí postergando el momento de ir a la cama y comencé a oir gritos. Al principio no presté atención, pensé que los vecinos de arriba estaban discutiendo a voces, luego me di cuenta de que había explosiones de emoción por así decir, y que no solamente venían  de arriba sino también de otros edificios, todos sincronizados más o menos. Averigüé que el equipo de fútbol local estaba jugando y el partido televisado es lo que estaba causando tanto vocerío a mi alrededor.

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Grupo de forofos celebran en la calle.

 

Llega el gol que da la victoria, los vecinos se vuelven locos y uno grita vaffanculo, expresión que al parecer se puso de moda hace algunos años luego de que algún futbolista la espetara en oportuno momento. Entonces imagino lo siguiente: en alguna calle de Lyon, a las puertas de un pub irlandés un grupo de forofos estalla en euforia celebrando el gol. Cantan al unísono, se bañan en alcohol, exhiben sus cuerpo desnudos, etc.

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En ese preciso instante alguien saca una kalashnikov y sin más protocolo comienza a soltar ráfagas de muerte. En medio del bullicio inusitado que invade esa zona de la ciudad no es fácil discernir entre gritos celebratorios y los de pánico. Los disparos se camuflan en el estruendo de petardos y fuegos artificiales. Algunos individuos mueren en feliz ignorancia, completamente ajenos al pánico que se propaga a su alrededor. Les llega a la nuca por ejemplo el disparo terminador, y pierden contacto con este mundo de manera instantánea.

 

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Estos mueren inmersos en el sueño eufórico del evento deportivo. Se van con imágenes de fútbol grabadas en la retina. No tienen oportunidad de sentir miedo, ni de recordar su infancia o hacer recuento de su vida o mimar pensamientos sobre sus amistades, familia, animales domésticos, etcétera.

Y más tarde, entre los encargados de recoger los cadáveres, uno se atreve a mirar los rostros inertes y puede distinguir que algunos tienen joie de vivre en el rictus.

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cada cosa su nombre

En serio, lo que empieza como un pequeño inconveniente puede convertirse en un auténtico drama y puede llevarte incluso a la muerte.

Ayer fue la tercera noche que me iba a la cama sabiendo que había al menos un mosquito desplazándose a sus anchas entre nuestras paredes. De nuevo, no apagué la luz al acostarme sino que me quedé leyendo esperando a que apareciera para matarlo. Pero, de nuevo, no lo hizo. Y de nuevo Hache me recordó que tenía que madrugar y me instó a que apagara la maldita luz de una vez por todas. Al hacerlo comenzó la fiesta, pero esa noche no iba a ser otro “de nuevo”.

*

Estaba particularmente inquieto porque en algún momento del día había leído un titular acerca de una enfermedad que estaba siendo transmitida por los mosquitos. Me había topado con el titular, no había hecho click para leer el resto de la noticia porque rápidamente lo había descartado como desinteresante pero al ir a dormir recordé aquella línea acompañada de la foto de un mosquito y me pregunté si no había sido una suerte de aviso de dios para que tuviera especial cuidado.

En fin, que pasé mala noche. Primero se pone a trompetear desde lejos, lo suficiente para que no sepas si es un mosquito o los sonidos extraños del calentador o pura imaginación anticipadora. Luego revolotea cerca de tu cara, es su forma de presentarse, de invitarte al juego. Y luego se aleja pero no tanto como para dejar de oir su salmodia que raya la noche y da la impresión de que va acercándose, pero no se acerca,

hasta que sí se acerca.

No tengo linterna así que echo mano a mi teléfono móvil que no es uno de esos malllamados smartphones y que por tanto tiene una pantallita pequeña que arroja un volumen tímido de luz. El techo es de madera oscura así que apunto a la pared blanca que se convierte en el escenario de una extraña obra de teatro. El gotelé parece el reflejo fosilizado de un público. Se oye el monólogo ininteligible del actor que permanece sin embargo oculto en la oscuridad y el público espera a ver si el personaje entra en la luz y las cosas empiezan a tener algún sentido, pero nada ocurre. Y como eso es insoportable, empiezo a mover el cañón de luz a un lado y a otro pero el mosquito no está en ningún sitio aunque se le sigue oyendo. La angustia recorre las butacas.

*

Y de repente ya no se oye. Fuera luces. Se cierra el telón. Comienzas a sentir como tu cuerpo se hunde en el colchón y tu discurrir mudo asciende como humo y cuando ya estás cayendo en un plácido sueño REARRANCA LA MOTO TROMPETERA partiendo de algún sitio cercano a tu oreja, ¿cuánto tiempo había estado ahí? asomado a tu oido, espiando los sueños que empezaban a eclosionar en la nebulosa neuronal. Y se pone a dar vueltas alrededor de tu cabeza y tú te dices que no te vas a mover que vas a esperar a que se pose sobre tu cara y entonces lo vas a aplastar. Y te das mil hostias en la cara, todas inútiles: la moto sigue gravitando en torno a tu cabeza. Esta vez va a ser la definitiva, te dices, cuando se pose lo mato.

Al final me picaron (creo que eran varios) y entre picores y bilis me quedé dormido y tuve una pesadilla en la que estaba leyendo un libro que tenía la peculiaridad de que las letras solo se hacían visibles cuando uno derramaba su sangre sobre las páginas, entonces yo acababa derramándome entero sobre el libro y las letras pasaban a ser totalmente legibles y se llenaban de luz y prendían fuego al libro, y la gente tocaba a la puerta qué haces ahí, llevas mucho tiempo ahí, qué te traes entre manos ahí, ignorantes de que el fuego iba extendiéndose para acabar con todos.

casaventanaroja

Al día siguiente investigo formas de alejar a los mosquitos que no sean dañinas para los humanos ni para los gatos ni para el entorno natural.

Lo primero que hay que hacer es asegurarse de que no tengan donde reproducirse. En el jardín al que da nuestra ventana descubro que hay un cubo que ha estado acumulando agua de lluvia y que se me antoja un incubador de larvas de mosquito particularmente ventajoso para ellos. Lo pongo bocabajo. El agua es el origen de todos los males. También aprendo sobre la utilidad del ajo, el café, los geraneos, etc. En fin, descubro varios métodos y me encuentro con un comentario de algún lector de algún blog que dice: NADA FUNCIONA TAN BIEN COMO EL ACEITE ESENCIAL DE MADERA DE CEDRO, YO LO APLICO A MI VENTANA Y YA NI SE ATREVEN A ENTRAR. Es un sitio anglófono y el término en cuestión era cedarwood essential oil. Es un comentario como cualquier otro pero por alguna inexcrutable razón toda mi fe recae en él. Gugleo el término y descubro que es buenísimo para todo, que espanta a los insectos y que no presenta el menor peligro para los felinos domésticos. Busco la traducción al francés y voy hacia la herboristería más cercana.

En la botica digo bonjour y muestro el papel donde tengo escrito huile essential de bois de cèdre, la señorita me atiende amablemente y es rápida en encontrar el frasquito. Le pregunto cómo se aplica y ya que se queda un poco pensativa y yo soy una persona dada a la proactividad le pregunto si se echa “como si fuera un exorcista” y le hago el gesto de regarla con agua bendita. La chica me cuenta que se echa unas gotas en su ropa pero que algunos aceites pueden dañar el color de la ropa (no comprendo muy bien por qué me cuenta esto) e intenta venderme un difusor (creo). Lo que no hizo fue AVISARME DE LO JODIDAMENTE PELIGROSO QUE PODÍA SER ESTE LÍQUIDO.

*

Nada más llegar a casa, me vertí tres gotitas en el dorso de la mano. Nada hacía sospechar que no fueran perfectamente inofensivas. Luego eché sobre la puerta. El olor era agradable pero intenso. Muy intenso. Incómodamente intenso. Violento. Creo que fue entonces cuando me dio por mirar el nombre que había impreso en el frasco: Cade bois bio, dice. Bio es de biológico, es decir ecológico u orgánico o como se diga en español. Bois es madera, muy bien. ¿pero cade? Sea lo que sea, yo pedí cèdre.

En la etiqueta también viene el nombre ciéntifico: juniperus oxycedrus. Ese oxyCEDRUS me tranquiliza porque cedrus será cèdre que es cedar que es lo que yo quería. ¿no? Noto una opresión en mi pecho. Busco el nombre científico de cedar, y averiguo que es Juniperius VIRGINIANA que es efectivamente bueno para todo y tan inofensivo que podría esnifarse por el recto. En cuanto a mi juniperus oxycedrus, parece que también sirve para espantar insectos pero atención, no es broma, leo en la wikipedia francófona: el simple contacto con la piel puede provocar problemas respiratorios, CARDIO-VASCULARES Y NEUROLÓGICOS!!!

Mientras el grifo abierto a tope me vierte su chorro de agua en la mano empiezo a preguntarme si no habrá una manera específica de lavarse el aceite esencial. Vuelvo al ordenador y busco la web de la marca y clico hasta el producto en cuestión y bajo hasta la sección de Précautions y ahí solo avisan de que no debe contactar con la piel, pero no dicen qué sucede o cómo tratarlo (claro, el comprador futurible se alarmaría y no lo compraría, porque bastan unos mililitros de miedo en la feliz navegación del internauta para mandar el carrito de compra a la deriva). Lo que sí averiguo es que si el líquido cae en los ojos deben enjuagarse con aceite vegetal en algodón. ¡Nada de agua! Claro, el agua solo empeora las cosas, como siempre.

A continuación escribo rápidamente una nota a Hache para cuando encuentre mi cuerpo:

Coucou

si me encuentras muerto es posible que se deba a un par de gotas de huile essential de bois de cèdre (o de cade, mejor dicho), es decir juniperus oxycedrus, puedes ver el frasco encima de mi escritorio.

Intoxicación accidental 😦

Lo he comprado para espantar mosquitos, no sabía que era peligroso.

La nota es totalmente verídica, no ha sido editada y creo que merece un pequeño comentario de texto. Si no te interesa el comentario puedes saltarlo.

[COMENTARIO SOBRE LA NOTA: En el primer párrafo mi intención estaba clara: que se sepa qué es lo que ha dado lugar a tal tragedia, que Hache pueda llamar a la ambulancia y dar todos los detalles y se tomen las medidas oportunas en el caso de que aún se pueda hacer algo. Me gusta el cauteloso “es posible que se deba” en la primera línea, si bien es cierto que podría morirme de alguna otra cosa. Se ve la intención de ser preciso y escueto pero quedan algunas cosas por aclarar y la nota se alarga un poco más. La penúlitima línea que va rematada por una carita triste pretende dejar claro que no se trata de un suicidio y, quizá más importante aún, que se trata de una intoxicación (aclaración necesaria ya que “mi muerte se debe a dos gotas de X” de antes no aclaraba mucho ¿cómo se ha muerto? ¿aplastado bajo dos gotas? ¿atropellado?) La línea final introduce esa trágica burla del destino contra el pobre infeliz que hacía las cosas bien, efectivo a mi parecer pero el lector más crítico (menos apegado al difunto) puede imaginar que el autor tenía el deseo de encontrar ironía y drama en su muerte y otorgar así importancia a su despedida, lo cual le aporta al final un aire vanidoso. Sin embargo, he de decir en mi defensa, que cuando escribí esa última línea no tenía la intención ni remotamente subconsciente de hacer llorar a nadie, estaba tan solo anticipando el hecho de que mi Hache se preguntara qué coño era ese frasco y si no quería suicidarse para qué lo compró y también que supiera que me lo vendieron pero que no me avisaron de que era peligroso. Nótese que a pesar de tanta aclaración, se me olvida mencionar que las gotas me caen en la mano, quizá era lo que faltaba ya que si uno lee intoxicación a causa de dos gotas podría pensar automáticamente que esas dos gotas han sido ingeridas lo cual le daría al muerto, a mí, un aire de verdadero idiota. Por último quizá llame la atención la ausencia de palabras cariñosas. Esto tiene una sencilla explicación y es que yo no quería morirme y por tanto no quería creer que fuera posible que pudiera llegar a morirme y de alguna manera parecía que poner un final en la carta en forma de adiós mi vida te quiero y en general tomársela en serio, habría supuesto aceptar la posibilidad real de la muerte y por tanto una rendición a ella, una invitación. FINAL DEL COMENTARIO]

Problemas respiratorios, cardio-vasculares y neurológicos. Me siento peor cada vez que leo esa frase del artículo de wikipedia, puedo notar como las mismas palabras manipulan mis entrañas, mi conducto respiratorio se estrecha y noto como mi corazón empieza a tomar consciencia como ente rebelde que pudiera independizarse para ir a su propia velocidad. Soy órganos sin cuerpo. Estoy solo y no hablo bien el francés, ni siquiera tengo médico asignado, ni siquiera sé dónde ir, qué número hay que marcar, Hache no llegará hoy hasta la media noche, soy un Chris McCandless europeo, urbano, doméstico, sin aventura. Si empiezo a sentirme muy mal, me digo, saldré a la calle y alguien llamará a la ambulancia cuando me vea desfallecer. Todo irá bien. Pero “neurológico”, esa palabra me carcome.

Qué se estará cociendo en mi cabecita, me pregunto. Quizá se me pierde la conexión entre cerebro y músculos. En ese caso no podré salir a pedir ayuda ni podré llamar por teléfono ni ir a facebook a cambiar mi nombre falso por mi nombre real porque las cosas deben llamarse por su nombre real, ni postear algo como “happiness only true when shared” con un bello paisaje que incluya un sol naciente. Con un poco de suerte (dentro de lo malo) quizá me convierto en una de esas personas que de repente pierden su lengua materna pero sorprendentemente comienzan a hablar perfectamente otro idioma que jamás estudiaron o que apenas conocían. Todo lo que imagine puede suceder, de hecho si la imaginación es una serie de reacciones químicas y misteriosos mecanismos pululando en mi cabeza, está claro que debe tener algún efecto en la fragua del trastorno neurológico que ese jodido juniperus oxycedrus haya detonado. Entonces decido hacer algunos ejercicios de mantenimiento: muevo los dedos uno por uno, cuento hasta 100, canto el do re mi, recito la tabla del 5, hago la grulla, el dragón y el borracho…, todo parece funcionar correctamente si bien es extraño hacer estas cosas con tanta atención automonitorizadora. ¿No será perjudicial? Sí. Claro que lo es. Esa fijación, ese miedo y esa ansiedad pueden infundir vida al monstruo neurológico que esté moldeándose. Lo mejor sería ignorarlo.

*

O quizá ese problema neurológico solo afecte a algo muy particular de manera que no sabré de qué se trata hasta que un día emerja cuando ya haya olvidado todo este asunto y en el momento más inapropiado por ejemplo en una entrevista de trabajo me veo incapaz de pronunciar la palabra experiencia y en su lugar me sale alahu akbar y no puedo evitarlo y cuanto más quiero evitarlo más elementos de mi vocabulario son reemplazados por alahu akbar porque no se debe mirar de frente a alahu akbar hay que circundarlo es un virus que se expande y al final solo soy capaz de decir alahu akbar y mis entrevistadores no dan crédito se miran extrañados y se guiñan porque saben creen saber más que yo porque uno le ha dado al botón rojo que hay bajo la mesa en cualquier caso no son mala gente solo un par de corbatillas asustados y deciden ignorar el lapsus linguae y me preguntan entonces cuáles son mis tres puntos fuertes yo contesto alahu akbar una y otra vez y entonces me preguntan por qué puede ser peligroso un mosquito y joder yo esa me la sé porque pueden transmitir enfermedades pero solo me sale alahu akbar y les quiero decir que no sé qué me está pasando pero de mi boca solo sale alahu akbar de nuevo cada vez más fuerte y entonces entiendo que esto se debe al aceite esencial y me pongo en pie ignorando en mi excitación que una puerta se abre detrás de mi y entran y digo ¡ahhh claro, esto se debe a aquel maldito aceite esencial! pero no digo eso y me rodean no digo eso ya que solo me salen alahuakbares a cada cual más exaltado uniformados a cada cual más verdadero armados hasta que el mundo entero explota y las luces del escenario se apagan y mi cuerpo se hunde y mi discurrir asciende como humo.